¿Cuánto vale un árbol?

La sorpresa que vas a recibir al conocer el valor de un árbol

En la vida cotidiana nos encantan las preguntas extravagantes y sí, podríamos incluir esta en ese listado. Aunque muchos penséis que el valor de un árbol es el que cuesta en el vivero o donde se compre, ni mucho menos. Se cuentan una serie de parámetros como la antigüedad, el tamaño, el tipo de especie. Vamos a hablar de cifras.

El mundo de la valoración es muy complejo pero es posible cuantificar gran cantidad de cosas que no podrías imaginarte. Por ejemplo, el agua de un río. Sucede lo mismo con los árboles que continuamente están sometidos a daños. Ya sea por un accidente de coche, daños causados en raíces por construcciones de zanjas o un vecino cabroncete que decide que tu árbol no merece vivir más en esta vida y lo riega con gasolina.

Cualquiera de estas situaciones son reales y suceden a diario y, por supuesto, tienen un valor. Si un día, por poner un caso, un coche se empotra contra una palmera que tienes en tu jardín, puedes cuantificar el valor de esa palmera y pedir al seguro que seas recompensado. Pero… ¿de cuánto estamos hablando? Pues de bastante. Mucha gente tiene maravillas en su jardín o patio y no lo saben. Vamos a verlo.

daños al árbol por accidente de coche

¿Cómo se cuantifica el valor de un árbol?

La asociación española de parques y jardines pone a su disposición un método para valorar árboles y cuantificarlos en función de su valor. Se conoce como Norma Granada. Hay una serie de características que se toman en cuenta y que definen el precio final. Algunas de ellas son:

  • Altura, diámetro, perímetro
  • Edad
  • Singularidades
  • Alteraciones o daños previos
  • Especie
  • Crecimiento
  • Clima
  • Suelo

Y unas cuantas más.

Un ejemplo de valoración de un árbol, que puede ser tu caso

Ahora es momento de poner en práctica todo lo que hemos comentado. Vamos a la parte buena, la de calcular el valor y saber si nos vamos a llevar un pellizco o no. 😉

Pongámonos en situación a partir de este ejemplo:

Tenemos un ciprés (Cupressus sempervivens L.), una especie muy común que podemos ver en muchos sitios. Tiene un altura de casi 13 metros y una edad de 40 años, una edad. A groso modo, si lo comparásemos con una persona, tendría 13 años de vida, o sea que todavía le quedan muchos años de vida. Por alguna razón, podríamos catalogarlo con una cierta singularidad (ya sea por la zona en la que nos encontramos, por la posible historia que pueda llevar, etc.).

Ahora también analizamos su estado físico con respecto al entorno.

Podríamos decir que se encuentra sano, tiene buen acceso (está situado en medio del jardín, por ejemplo), no tiene limitaciones de crecimiento, tiene buena iluminación y sufre ciertas agresiones como por ejemplo, que la acera de la calle está relativamente cerca o que pasa una zanja con gas o electricidad por las cercanías.

Dada la edad y sus singularidades se considera insustituible. Esto quiere decir que no se va a encontrar en ningún otro sitio un ciprés igualito (edad, crecimiento, estado fisiológico, etc.) que podamos comprar en un vivero, por ejemplo. Al ser insustituible su valor aumenta exponencialmente.

árbol caído

Ahora viene la parte buena…

Es un martes por la noche y estás durmiendo plácidamente en tu cama. De repente, oyes un ruido como de ruedas chirriando y un fuerte golpe. Te asomas por la ventana  y ves un gigantesco todo terreno estampado contra tu ciprés que lo ha hecho añicos. ¡Maldita sea! El conductor, con claros síntomas de embriaguez sale del coche sin rasguños. Por supuesto hay que tomar parte del asunto.

Si no tuviéramos idea del asunto (algún día nos lo agradecerás), negociarías con la aseguradora quizá 2.000 €, más que suficiente para quedarte contento. Total, ese ciprés tampoco vale nada, ¿no? ¡Y te has llevado 2.000€!

¡Pues no amigos! ¡Te están estafando!. Si consultas con un experto tasador en arbolado como un ingeniero agrónomo te darás cuenta de que puedes sacarle mucho más a la aseguradora. 😉

Situándonos en el ejemplo del ciprés, y partiendo de que la tasación es mucho más compleja (se puede hacer por Norma Granada, como hemos comentado) y lo hemos singularizado y resumido bastante, un experto tasaría tu árbol en:

¡¡19.000€!!

 Evidentemente la cosa es mucho más compleja. Habría que ir a juicio, enfrentar tu valoración con la valoración de la asegurada (que ya se buscará las castañas para bajar la cifra) y nombrar un perito tercero que medie entre los dos valores.

Hay muchísimos más ejemplos y tienen grandes aplicaciones como por ejemplo incendios forestales o daños por contaminación medioambiental. Aunque el valor del ciprés de antes está un poco abultado porque a la hora de poner el ejemplo, se han contado muchas singularidades, es un caso real de un ciprés en Gipuzkoa, País Vasco. Todo depende de la especie, lo especial que sea, el tamaño o la edad entre otros. Por poneros otro ejemplo, una palmera típica que encontramos en nuestra ciudad, de 4,5 metros de altura (pueden crecer muchísimo más) vale cerca de 2.000 €.

No sólo cuenta el árbol entero…

valoración de un árbol

Exacto. El ejemplo de antes ha sido el de un desastre total donde el ciprés se ha perjudicado irremediablemente. Pero no sólo se cuantifican los daños que acaban con el árbol, si no también los que le afectan pero puede continuar viviendo. ¿Otro ejemplo? Ahora vamos a hablar de un vecino loco… 😉

Ponte en situación:

Tu vecino loco de que montes fiestas hasta las tantas y hagas mucho ruido decide, a las 5 de la mañana, salir de casa con el hacha y destrozarte el árbol. Empieza a destrozar la corteza de tu roble y hasta que lo pillas, ha causado una herida de 30 cm de largo y 5 cm de profundidad. Valoras los daños, lo denuncias y tu querido vecino tiene que pagarte…. ¡2.600€! Y eso que tu roble seguirá viviendo sin excesivos problemas.

Un saludo. La vida cotidiana.

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