La tartamudez o disfemia

La tartamudez o disfemia

Hoy vamos a hablar de un tema que aun hoy en día desconcierta a muchas personas, ya que siguen creyendo muchos mitos que rodean a la tartamudez, como que es porque “se ponen nerviosos” o porque son “más inteligentes”. Veremos por qué una persona es tartamuda y todo lo que rodea a este curioso trastorno.

¿Qué es la tartamudez o disfemia?

Realmente todos conocemos qué es lo que le ocurre a un tartamudo pero de todas formas lo mencionaremos. Los que padecen de tartamudez o disfemia tienen unas limitaciones a la hora de hablar que se manifiestan con pequeñas o grandes interrupciones involuntarias mientras se pronuncia una frase o palabra.

Estos “atasques” a la hora de hablar por llamarlos de una forma más simpática y sin ánimo de ofender suelen ir acompañados de gesticulaciones, contracciones de la cara y el cuello principalmente.

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Como podéis comprender estas interrupciones involuntarias mientras se tiene una conversación suelen afectar al estado anímico del tartamudo y no son pocos los que terminan con miedos a hablar en público, ansiedad, timidez, vergüenza e incluso depresiones. Aquí juega un papel muy importante la seguridad de una persona en sí mismas, pero seamos realistas… cuando se es joven no se tiene la misma confianza que cuando creces, por no hablar de lo realmente crueles que pueden llegar a ser los niños.

Este trastorno suele aparecer antes de los cuatro años y se suele confundir con dificultades en el habla típicas de un niño que empieza a hablar, cuando realmente lo que tienen es un trastorno en la comunicación. Por suerte solo el 5% de los niños tartamudea (terminan superándola en la adolescencia) y ni el 1% de las personas mayores termina tartamudeando. Por lo que podemos decir claramente que es algo que se puede tratar, se puede mejorar y de hecho es lo que se debe hacer… acudir a un logopeda para que determine el tratamiento a seguir para superarla.

Pero… ¿Por qué se tartamudea?

No hay una única explicación etiológicamente hablando. Se ha descubierto que en los tartamudos el centro del habla del hemisferio izquierdo tiene una menor activación. Para compensar esto también se ha demostrado que los tartamudos tienen más activado el hemisferio derecho para intentar compensar el déficit del izquierdo.

Existen diferentes factores que pueden hacer aumentar nuestra probabilidad de ser tartamudos. Uno de ellos es el sexo, ya que 3 de cada 4 tartamudos son hombres y únicamente el 25% son mujeres.

Otro factor importante es la genética, ya que si un padre es tartamudo (recordemos que eran menos del 1% de la población) la probabilidad de que su hijo también sea tartamudo es de un 35% aproximadamente.

Las lesiones cerebrales también puede dar lugar a la disfemia e incluso shock emocionales.

El caso es que como ocurre con una gran cantidad de cosas, aun no se conoce el “por qué” de la tartamudez… por no hablar de la inmensa cantidad de mitos que rodean a los tartamudos.

Mitos que rodean a los tartamudos

Aunque no lo creáis hay una cantidad de mitos increíbles sobre los tartamudos, y dependiendo de la zona y el nivel cultural de la gente puede incluso a ser acojonante las cosas que se inventan (algo así como los albinos en Sudáfrica).

Que si es porque no se les ha cortado el frenillo de la lengua, porque a la madre se le cayó al suelo de niño, porque la madre vio una serpiente durante su embarazo, que si es trabajo del diablo, que si el niño ha sido mordido por un perro, porque se ha mirado en un espejo (por si os estáis quedando a cuadros, ya os digo que estos últimos mitos son Africanos, y me estoy dejando muchísimos más en el tintero… como maldiciones y diversas cosas).

En nuestro alrededor podríamos destacar dos mitos principales:

El primero de ellos es el que defiende que la tartamudez es el resultado de forzar a los zurdos el cambio a diestros. Supongo que esto estará alimentado por el hecho de que los hemisferios en el cerebro tengan un papel importante en la tartamudez… pero eso no lo convierte en cierto, de hecho se ha confirmado que es un mito.

El mito que personalmente calificaría como más conocido es el que defiende que los tartamudos son más inteligentes y tartamudean porque “su cerebro va más rápido que su lengua”.

Cosas que no debes hacerle a un tartamudo

Una vez que hemos visto qué es lo que ocurre en el cerebro de un tartamudo, debemos comentar qué es lo que no debemos hacer cuando hablemos con una persona tartamuda para no aumentar su posible malestar a la hora de mantener una conversación.

Lo primero es que su trastorno no está provocado porque “estén nerviosos” ni mucho menos, aunque sí que es cierto que una situación social estresante puede exacerbar los “atasques” y espasmos, pero ello no quiere decir que los nervios provoquen el tartamudeo, por lo que nunca deberíamos decirles frases como “tranquilízate”, “no te pongas nervioso”, “relájate”, “concéntrate” ni nada por el estilo.

Otra cosa que les crea una gran frustración es que les terminemos las frases, debemos dejarles terminar las frases y no decir nosotros la última palabra. Que sí… que sabemos lo que van a decir, pero debemos contenernos.

En resumen lo que debemos es ser pacientes, no hay mucho misterio, hay que dejarles que se expresen aunque tarden un poquito más que nosotros.

Bueno, espero que a partir de ahora veáis a los tartamudos de una forma diferente y recordéis estas palabras cuando tratéis con alguno.

Un saludo, La vida cotidiana.

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